|”la generación acorralada” (Núria Escur, Magazine de El Levante)|

“Es más fácil que te digan cada día lo que tienes que hacer que inventarse cada mañana la vida. Pero a nosotros nos gustaba esto último”, explica José (Pepe) Ribas. “Los 70 a destajo” (RBA) empieza el día en que entró en el Drugstore del paseo de Gràcia barcelonés y “tomó prestado” un libro sobre Mayo del 68 que luego prestaría a Quim Monzó.

“Cuando veo ahora que todos abominan del ‘Mayo’ pienso que andan más instalados en las listas de ventas que en las del pensamiento”.Así se explica Ribas, a quien el caos de la promoción del libro ha devuelto los placeres del tabaco. Y con ellos, el espíritu de los 70, “La época que permitió que llegara todo lo demás. Sin ella, por ejemplo, no se entiende la ‘movida’ madrileña”. Para ello se ha pasado siete años recuperando con paciencia de orfebre retazos de la memoria de la fundación y trayectoria de “Ajoblanco”, mucho más que una revista de culto. Ha contactado con más de 300 lectores y recibido 570 e-mails antes de concluir que “la sociedad española, aunque viva, está muy desmoralizada. A veces nos sentimos muy traicionados por los políticos, muy cabreados”.

Ribas cree que a la clase política no le interesa recordar que a este país lo hizo libre la gente de la calle, “porque los que han acabado mandando provenían de la cultura autoritaria. Aquella que necesita élites que digan como tenemos que vivir y como debemos pensar”. “¿Cómo se gestaron Joglars, Comediants, los festivales de cine, los movimientos antipsiquiatría, el feminismo, las reivindicaciones homosexuales? Todos eran colectivos sin jerarquía. Lo único que queríamos era autogestionarnos.”

No fue fácil sacar una revista como “Ajoblanco”. Él tenía entonces 20 años, y era complicado conseguir los permisos legales, batallar con una distribuidora, reunir los requisitos. Incluso se inventaron el lenguaje de la libertad “porque ni eso había”.

Influenciados por el rock combativo y los movimientos asamblearios, se alejaron de la ‘gauche divine’, y no les gustaba tampoco ‘El viejo topo’.

Crearon un espacio para lo que Ribas llama “la generación acorralada”, situada “entre los que han mandado y tienen diez años más que nosotros y los que nos siguieron, que se soltaron en el diseño y la moda. Eran más nihilistas, más desencantados y más punks. Nosotros, no, nosotros fuimos ‘libertarios’”

Sitúa el movimiento más espléndido de “Ajoblanco” en los tiempos del Canet Rock, donde floreció la cultura underground peninsular. “Allí nos dimos cuenta que éramos, no cientos, sino miles y probablemente millones los que queríamos cambiar el país. Iban llegando de Sevilla, Valencia, Burgos, Santander…, y notamos que éramos una inmensa comunidad.” Siente, Ribas, que dispusieron un camino por el que aún no hemos transitado. “Nos faltó tiempo -explica-.Éramos muy jóvenes.” A los políticos no les interesó la libertad del ciudadano, insiste, independiente, libre, crítico, difícil de manejar. En realidad lo que aún quieren son “ciudadanos sumisos, consumidores y obedientes. Nosotros buscábamos exactamente lo contrario: insumisos alternativos y democracia directa”.

“Ajoblanco” se hizo entre todos.

“Yo no era más que un médium. La ética libertaria es muy potente. La libertad te exige mucho más que cualquier otra cosa, porque la libertad es responsabilidad. No es hacer lo que a uno le viene en gana.”Reflexiona: “Si en estos momentos tuviera un buen equipo, me atrevería con otro ‘Ajoblanco’. No para dirigirlo, pero si para ‘agitarlo’”.

 

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