Ayer se cumplían 50 años desde el envío del primer terrícola al espacio. El, o mejor dicho, la terrícola en cuestión fue una perra de origen ruso llamada Laika.
Desde un punto de vista “científico”, cuentan las malas lenguas que el sacrificio de dicha tripulante del Sputnik 2, lanzado un 3 de noviembre de 1957 como conmemoración del cuadragésimo aniversario de la revolución bolchevique, contribuyó al desarrollo de la tan ansiada conquista espacial así como a la medicina aeronáutica.

Algunos de los objetivos de la misión eran el estudio de las consecuencias que podían tener la temperatura y la presión a la que se verían sometidos posteriormente los astronautas. Y por tanto, Laika y sus otras dos compañeras (Mushka y Albina), debían ser “entrenadas” para enfrentar las duras condiciones espaciales:

  • Al ser el tamaño de la cabina extremadamente reducido (la perra tan solo podía ir tumabada) se tuvo que acostumbrar progresivamente a los animales a este espacio, lo que se llevo a cabo mediante el mantenimiento de éstos en jaulas cada vez más pequeñas en un periodo de entre 15 y 20 días.
  • También se practicaron diversas simulaciones de fuerza centrífuga, durante las cuales el pulso cardíaco de los animales llegaba a duplicarse .

Este último proceso es utilizado como parte de la preparación de los tripulantes humanos. La diferencia está en que éstos van por su propia voluntad y sabiendo a que van a enfrentarse, mientras que en los experimentos espaciales con animales no humanos que se realizaron en aquella época, no se tuvo en consideración la vida y mucho menos los intereses de los susodichos (dudo mucho que alguno de ellos tuviera interés en acabar sus días confinado en una cápsula espacial y muriendo de asfixia o sobrecalentamiento).

Acondicionada ya para su sacrificio cosmonaútico, Laika aún tuvo que permanecer en la cabina durante tres días antes de lanzamiento por dificultades técnicas. La plataforma de lanzamiento estaba situada en Baikonur, lo que sería la actual Kazajistán, así que para mantener en calor a la tripulante se recurrió al uso de calentadores externos y mangueras.

Después del lanzamiento, con una efectiva manipulación de medios se convenció a los seguidores de esta carrera espacial de que Laika estaba a salvo en su cabina y que tras unos días de orbitar por el espacio, aterrizaría sana y salva a la Tierra.

La cruda realidad es que el Sputnik 2 no estaba preparado para regresar.

Durante el despegue, el estrés ocasionó que su pulso cardíaco se duplicara; pasó de 103 a 240 latidos por minuto. Su respiración normal se alteró brutalmente; unas tres o cuatro veces su frecuencia normal. Cuando el Sputnik se estableció en la órbita, las constantes vitales de Laika se normalizaron de nuevo razonablemente, pero tardando más de lo medido durante los entrenamientos, con lo que se comprobó la situación de nerviosismo extremo en la que se encontraba la perra.

Al verse amenazado el orgullo de la aeronáutica rusa por el Vanguard, satélite estadounidense, se aceleró aún mas las construcción del Sputnik 2, por lo que no se creó ningún dispositivo que regulara la temperatura, trayendo nefastas consecuencias para la pobre tripulante, ya que durante el desprendimiento de una de las secciones de la nave se arrancó parte del aislante térmico, quedándose la temperatura interior de la nave en unos 40ºC y en unas condiciones de humedad bastante perjudiciales para Laika, provocándole una intensa agonía durante las 6 ó 7 horas que logro permancer con vida.

Durante años, la Unión Soviética se mostró esquiva a dar explicaciones acerca de la víctima, para acabar ofreciendo versiones de diversa índole tales como que se le había dado “eutanasia” a través de comida envenenada, que se había asfixiado, etc. En 1999, declara que sobrevivió unos 4 días aproximadamente, muriendo por culpa del sobrecalentamiento de la nave pero de forma completamente indolora (já).
No es hasta el 2004 cuando realmente sale a la luz la tortura a la que se vio sometida Laika. Dimitri Malashenkov, uno de los responsables del proyecto, reconoce abiertamente que la perra murió en unas condiciones agónicas de estrés y sobrecalentamiento.

Sinceramente, progreso durante el cual mueran seres inocentes, no debería ser reconocido como tal. A partir de la muerte de Laika empezó a regularse el lanzamiento de animales al espacio, lo que no impidió que aún fueran sacrificados unos cuantos en nombre de la ciencia (cuan interesante que resulta ver retorcerse de dolor a un chimpancé mientras su cuerpo indefenso es torturado por espasmos para comprobar el efecto de un arma biológica)
Todo lo sucedido durante la misión del Sputnik 2 nos demuestra el bajo concepto que tenemos de las demás especies, teniéndolas en consideración de objetos para nuestro beneficio, privando de su vida a individuos de formas tan macabras como misiones espaciales sin posibilidad de retorno.

Cuanto más tiempo pasa, más lamento lo sucedido. No debimos haberlo hecho….ni siquiera aprendimos lo suficiente de esta misión, como para justificar la pérdida del animal. Oleg Gazenko


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