Somos óxido,
el óxido de nuestra propia muerte,
el óxido de nuestros cuerpos pálidos
el óxido,
de la esperanza herida.
Somos óxido, el óxido de la demagogia que enferma nuestra lengua
el óxido inherente a la mente sedentaria
el óxido,
de las pasiones enfermizas y enjauladas.
Somos óxido,
el óxido del halo de tu aliento
el óxido de tus metálicas palabras
el óxido,
de nuestras manos de mármol y nuestras entrañas.
Somos óxido,
óxido de un astro hastiado,
de gestos ciegos,
de voces ciegas,
óxido para la indiferencia,
para lo plano,
para la reclusión,
para lo no insólito.
Somos óxido para el no mundo.







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