Aquella noche, que te tuve entera para mi,
absorto en el ruido cadencioso de tu sueño,
absorto en el tejido de todas la fibras de tu cuerpo…
Aquella noche, en la que el cielo daba vueltas sin parar sobre si mismo, mientras que entre las cuatro paredes el tiempo había dejado de existir…

Y esta noche hubiera dado este cielo estrepitoso, todas las fibras de mis sueños y la cadencia del tiempo , que existe y se arrastra con su último aliento por esas mismas cuatro paredes, por tenerte.