Me echo de menos.
A veces tengo la sensación de que estoy con un intruso.
Que ha anidado junto al lento transcurrir del tiempo y que se niega a marcharse.
“Siempre,
que se enturbie el llanto,
y que la lágrima haga temblar el débil párpado,
en ti estaré pensando.
Siempre,
que una ola rompa donde no rompen las otras,
y que su espuma huya, con la noche del quebranto,
en ti estaré pensando.
Siempre,
que una luna, cualquier luna,
de blanco tinte los desiertos
y que un velo,
desdibuje las dunas, y las confunda con el cielo,
siempre,
que acaricie un oído una palabra,
siempre,
que espontáneo surja el verso de la nada,
siempre,
que una boca busque a otra sin mirarla,
siempre,
que en leve gesto se siga enamorando,
s i e m p r e q u e h a y a p o e s í a ,
en ti estaré pensando”
Antes escribía esa clase de cosas.
Era un poco inocente.
Ahora lo que soy es un poco gilipollas.

Me echo de menos.

Mucho.

Hoy es un día de esos que se hacen laaargos largos. Sobre todo cuando el 99% de la gente que tienes alrededor está eufórica y fuera de sí por un evento que uno ni comparte, ni le va, ni le viene.
Así que yo me quedo con mi música (que comparto con cualquiera que quiera escucharla:))

Cuando salió la abominación publicitaria de Campofrío me quedé pensando en que clase de humor de des-graciados tiene esa gente. Para quienes no lo hayan visto, la “simpatía” del anunció está en que una familia de vegetarianos, a los que pintan como una panda de jipis guarruzos con pintas de esoteristas (ojo, no estoy generalizando, solo que el anuncio se basa en un estereotipo sin fundamento, como todos los estereotipos), tras probar el susodicho producto se rinden a los placeres del sabor a animal muerto, todo ello bajo el eslogan “Si lo pruebas, te conviertes”. Pero…¿en qué te conviertes?

Bueno, más que soltaros un rollo os dejo el vídeo y mejor lo veis:

Grandes personas, grandes reivindicaciones, gran propósito. Cosas como estas hacen que a tod@s los que revindicamos y apoyamos la liberación animal se nos despierte un poco más el sentido de la libertad y la igualdad sin fronteras y que transformemos la impotencia, la frustración y la rabia que a veces se sienten en fuerzas para seguir luchando, para no rendirnos nunca.

Hace un par de días que volví de pasearme por tierras francesas. El haber estado (en parte) alejado de mi ambiente habitual pensé que me daría la determinación necesaria como para enfrentarme a ciertas cosas al volver.
Pero no. Sigo igual, pensando igual aunque me sea completamente desfavorable y a menudo me deprima bastante, viéndolo todo de una manera insana y a veces demasiado retorcida. Enfadándome conmigo mismo por cosas absurdas que más tarde se convierten en una montaña. Incapaz de dar un paso sin pensar que voy a tropezar.

Ayer estaba demasiado nervioso, así que me dediqué a reflexionar por la noche ya que no podía dormir. A pensar en como podía solucionar todo eso; cuando empecé a ser así (porque tengo muy claro que antes pensaba de una manera completamente distinta aunque me cueste recordar como y cómo lo conseguía), a buscar el origen para encontrar una solución.
Y reflexioné sobre la autocrítica, que tanta falta me hace. Resulta destructiva cuando se ejerce hacia las ruinas de uno mismo y más cuando se realiza de forma involuntaria y negativamente, más bien presionado por las expectativas subjetivas que uno cree que tienen los demás de él y por las que se deja llevar, ya que no tiene expectativas propias, sino una especie de torbellino interior airado y corrosivo que arrasa con todo pensamiento positivo hacia uno mismo pues piensa que no lo merece o que no es válido ni cierto por el hecho de no proceder de una boca ajena. No se trata de que me influya lo que puedan decir, ni me importan las críticas que vienen de la ociosidad, pero si me afecta no poder valorarme positivamente a mi mismo y necesitar a menudo la aprobación de la gente que me importa.
Además necesito dejar de involucrarme emocionalmente en cosas superfluas, que no tienen nada que ver conmigo, de las que yo no tengo la culpa pero si que me la echo consciente o inconscientemente. De tomarme algunas cosas demasiado en serio y darles vueltas, y vueltas, y vueltas…

Necesito y quiero cambiar. Y quiero cambiar ya.

Espero leer esto de vez en cuando y no olvidarlo…

Aquella noche, que te tuve entera para mi,
absorto en el ruido cadencioso de tu sueño,
absorto en el tejido de todas la fibras de tu cuerpo…
Aquella noche, en la que el cielo daba vueltas sin parar sobre si mismo, mientras que entre las cuatro paredes el tiempo había dejado de existir…

Y esta noche hubiera dado este cielo estrepitoso, todas las fibras de mis sueños y la cadencia del tiempo , que existe y se arrastra con su último aliento por esas mismas cuatro paredes, por tenerte.

Hago un paréntesis en el abandono del blog porque la ocasión lo requiere.
La organización por los derechos de los animales Igualdad Animal ha recopilado recientemente documentos gráficos acerca de la masacre que se lleva a cabo todos los días en mataderos españoles. Dichos documentos verán la luz en el documental MATADEROS, recomendable para todas aquellas personas que de verdad quieran saber de que se están alimentando; de como se obtiene el cadavérico producto que ingerimos sin ser capaces de cuestionarnos cuanto de ético hay en cada bocado. Sin ser capaces de cuestionarnos a nosotros mismos y darnos cuenta de que ni un sabor determinado ni una falsa comodidad a la hora de vestir merecen el sacrificio de vidas sensibles e inocentes.

Antes que nada, darle las gracias a Oki por memearme, y decirle que lo siento por no poder seguirlo.

Bueno, volviendo al tema del blog despechado, el caso es que entre semana apenas tengo tiempo (soy estudiante medio y músico accidental, amén de todas las pérdidas (algunas no tanto) de tiempo que se me ocurran) y los fines de semana me siento delante del teclado esperando inspiración entre flickr y otros entes de la blogocosa y no sale nada. Será porque no se puede ir contra natura y querer escribir cuando no hay nada que decir.

Seguiré leyendo blogs seguramente, y subiendo fotos a flickr porque ahora POR FIN tengo cámara (pagada con el sudor de mi frente, pero tengo).

Supongo que es una despedida temporal, hasta que me quite algunas cosas de encima y tenga otras tantas para escribir.

Suponer que la danza debe expresar algo o contar una historia te limita. El movimiento en sí es una gran experiencia que cualquiera puede asumir a su manera

Merce Cunningham

Sinceramente creo que puede ser aplicable a cualquier campo de la expresión artística.

 

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